jueves, 27 de noviembre de 2014

Entrevista a José Farrujia


José Farrujia de la Rosa es uno de los arqueólogos e investigadores que en los últimos tiempos ha revolucionado el mundo de la arqueología canaria. Su trabajo intelectual se ha especializado sobre todo en el estudio de la Historia de la investigación arqueológica en Canarias, es decir, en el estudio de cómo los historiadores y arqueólogos han tratado al indígena de nuestro archipiélago, y de la visión que otros pueblos y culturas han tenido sobre la antigua sociedad canaria. Según nuestro autor, esta visión nunca ha sido muy neutral y siempre ha estado ligada al poder establecido. De hecho, lo que reclama Farrujia es una Historia que mueva al activismo y que tenga un claro compromiso social, que tenga entre sus objetivos básicos la socialización del conocimiento.



1. Nos ha llamado mucho la atención que un tema tan interesante como el que plantea en su libro, Una arqueología de los márgenes, haya sido publicado por una editorial extranjera y en otro idioma. ¿Por qué no una editorial canaria?

Actualmente estamos trabajando para que la edición en español sea una realidad. Por lo que respecta al por qué de una primera edición en inglés, siempre he tenido claro que nuestra arqueología trasciende más allá de nuestra escala meramente regional. Así lo pude comprobar en el año 2005, cuando se publicó en Oxford mi libro “Imperialist archaeology in the Canary Islands”, y así lo he vuelto a corroborar en el año 2013, con la publicación en Nueva York de “An archaeology of the margins”.

En relación con este último libro, creo que debemos valorar positivamente el hecho de que el patrimonio arqueológico canario forme parte de una colección editorial publicada en colaboración con ICAHM, el comité internacional para la gestión del patrimonio arqueológico, que es una rama científica de la UNESCO. No sólo porque se inserta nuestra arqueología en un contexto internacional, con lo que ello implica, sino además, porque en el libro se analizan cuáles son los valores y también los problemas de fondo relacionados con la gestión de nuestro patrimonio arqueológico en comparación con los de otros ámbitos.


Un hecho que interesa a los arqueólogos norteamericanos reside en que nuestra arqueología comparte muchas de las características y problemas de las denominadas ‘arqueologías indígenas’ que se desarrollan en contextos como Alaska o incluso Canadá. Asimismo, nuestra arqueología comparte también dos características fundamentales con otras arqueologías, a escala mundial: el predominio del historicismo cultural como modelo teórico y el uso de la arqueología con fines políticos de corte nacionalista. Estos factores, la propia herencia colonial y la escasa renovación teórica de la arqueología canaria, explican por qué el discurso colonial aún está presente en la arqueología y en la gestión del patrimonio guanche y por qué el patrimonio indígena está infra representado en comparación con el de la etapa colonial, al igual que sucede también en Norteamérica. Procesos históricos similares propician la existencia de modelos de gestión afines.

 
2. Vd. ha investigado la relación entre la arqueología y el poder a lo largo de la historia, y cómo esto ha influenciado en la visión que tenemos sobre los indígenas de Canarias. ¿Cuál es el estado actual? ¿Sigue habiendo influencias por parte del poder político? ¿De qué manera se manifiesta?.

Dar respuesta a esta pregunta es harto complejo en función del tiempo y del espacio del que disponemos para esta entrevista. De hecho, en la respuesta a esta pregunta está una de las premisas centrales de mi último libro, “Ab initio” (2014). Pero básicamente, lo que se pone de manifiesto en Canarias, entre el siglo XIV y el XXI es, precisamente, cómo los escenarios de la política, de la sociedad, de la economía y de la cultura condicionan los modos y formas en que los historiadores y arqueólogos se “apropian” de sus distintos pasados. Es decir, las grandes etapas que han marcado los cambios en la imagen de los indígenas canarios y de la Prehistoria, han estado condicionadas por los contextos políticos, económicos, sociales y culturales que han influenciado, a su vez, los paradigmas científicos e ideológicos.

En la actualidad, existen enormes diferencias entre unas islas y otras desde el punto de vista de la investigación y de la gestión del patrimonio arqueológico. Es decir, nuestra realidad geográfica, el carácter archipielágico, ha contribuido a separar las posturas, a disgregar posiciones. Pero obviamente, atribuir únicamente esta falta de consenso científico a la fragmentación del territorio canario sería absurdo y minimalista. Influyen otras variables, tales como la pervivencia de los discursos hegemónicos, de las posturas más conservadoras, etc. 

Pero resumiendo, puede afirmarse que a raíz de la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía de Canarias y de la transferencia de competencias en materia patrimonial, se ha balcanizado la arqueología de las Islas Canarias. Para muchos investigadores cada isla fue poblada por un grupo étnico definido. Cada Cabildo quiere definir a su indígena. Vivimos ahora en la “era” de las culturas insulares. Siete islas, siete prehistorias.

 

3. Últimamente, en la prensa se ha vuelto a hablar sobre los hallazgos “romanos” de la isla de Lobos. Parece ser que los materiales han sido datados entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C., momento en el que los monarcas mauritanos como Juba II y su hijo Ptolomeo I gobiernan en el noroeste de África. Sabemos por Plinio que Juba manda una expedición a Canarias, al mismo tiempo en el que el reino de la Mauretania se encuentra en un agresivo proceso de romanización; ejemplo de ello son los edificios públicos de ciudades como Iol-Caesarea y Volubilis. Teniendo en cuenta estos factores ¿Por qué se plantea desde un principio que se trata de yacimientos romanos y no se plantea la relación que puede haber con la expedición de Juba y la explotación de la púrpura, cuando las mismas fuentes clásicas nos lo atestiguan? ¿Qué opina usted al respecto?.

En el caso del yacimiento de la isla de Lobos, debemos esperar hasta que se publiquen los resultados de las excavaciones. No obstante, sí que es cierto que en los últimos años, determinados grupos de investigadores han apostado por una concepción “elitista”, “occidental”, “mediterránea” de nuestra Prehistoria. La presencia de material romano en Canarias (ánforas, vidrio...) es un hecho hoy en día incuestionable. Así lo han puesto de manifiesto los hallazgos subacuáticos en aguas Canarias o las excavaciones en yacimientos como El Bebedero. ¿Pero quiénes son los responsables de la presencia de este material en las islas? Obviamente, los romanos no. Todo apunta, en función del conocimiento científico actual, a que fueron las propias sociedades imazighen las que, tras su contacto con el África Romana, asimilaron algunos elementos de la cultura romana, introduciéndolos luego en nuestras islas. Asimismo, tampoco deberíamos descartar la existencia de intercambios comerciales entre las sociedades indígenas canarias y gentes romanizadas procedentes del norte de África. Por este motivo, precisamente, la representatividad del material romano en los yacimientos, en comparación con el material de factura indígena, es muy pequeña. Es decir, hay muy pocos materiales romanos, frente al predominio de los materiales indígenas. Por tanto, el contacto existió pero no fue lo suficientemente intenso ni continuado en el tiempo como para generar una romanización de las islas, con presencia en el registro arqueológico de otros elementos como templos romanos, calzadas, acueductos, anfiteatros, etc., como sí sucedió en el Norte de África y en otros ámbitos del Imperio romano.

Por tanto, habrá que esperar para ver qué nos depara el yacimiento de Lobos, que obviamente, no va a trastocar radicalmente las bases de la arqueología indígena. Básicamente porque el mundo indígena abarca un período de poco más de dos mil años, y el asentamiento de Lobos parece haber tenido una existencia efímera, de unas dos centurias. Habrá que valorar qué trascendencia tuvo para los habitantes de las islas este enclave.

4. Leyendo sus trabajos, nos llama la atención cómo denomina usted a los antiguos canarios con el término de indígenas. ¿Por qué no aborigen?

El lenguaje histórico no es inocente. Los conceptos los acuñan corrientes historiográficas determinadas y, por ello, poseen una carga ideológica. Con el término aborigen se hace referencia a las poblaciones que están en un lugar desde los orígenes, que son originarios del suelo en que viven. Por tanto, si tenemos presente que los primeros pobladores de Canarias proceden del norte de África, no pueden ser catalogados como aborígenes una vez asentados en las islas. Tales poblaciones fueron aborígenes en su punto de origen africano, pero no en Canarias.

En segundo lugar, con el término aborigen se designa a los que son originarios de un país o territorio, por oposición a los que se han establecido posteriormente. Por consiguiente, los primeros pobladores de Canarias fueron oriundos (del latín oriri unde, traer origen de alguna parte) del norte de África, y sus descendientes serían indígenas (del latín inde geniti, engendrados allí) canarios.

Y en tercer lugar, no debemos perder de vista que el término aborigen tiene un carácter peyorativo, discriminatorio, pues mantiene presente el discurso neocolonial y las relaciones sociales de dependencia económica, social, política y cultural de los conquistados en relación con los conquistadores. El término, además, está asociado con seres que aún no han llegado al estadio de la "civilización" e implica la infravaloración de la identidad e historia de sociedades a las que se considera diferentes e inferiores.

Por consiguiente, el término indígena es, etimológicamente, el más correcto y menos discriminatorio para definir a los antiguos pobladores de Canarias, pues con él se hace referencia a las personas nacidas en un lugar, independientemente del momento cronológico en que esto acontece, pero en el caso canario dentro del marco temporal del mundo indígena (s. X a.n.e. – XIV d.n.e.). El término indígena tiene un carácter descriptivo-objetivo y es, a la vez, una categoría etimológica y semánticamente correcta. 

5. Su libro “Ab initio” presenta interesantes aspectos sobre una nueva visión de la arqueología e historia de Canarias. ¿Crees que el mundo de la investigación en la actualidad va por el buen camino?

En “Ab initio” se refleja, con todo lujo de detalles, cómo el indígena canario ha sido percibido a través del filtro de producción de un conocimiento científico lastrado por las prácticas coloniales. En pleno siglo XXI, esta premisa sigue siendo una realidad. Paralelamente, se echa en falta mayor colaboración con especialistas europeos. Y sobre todo, con los especialistas norteafricanos, con los grandes conocedores del mundo amazigh. Pero es cierto que en campos como la bioantropología, la carpología, la ictiología o la arqueología espacial, se han dado pasos en firme, generándose importante conocimiento científico al respecto. Una de las asignaturas pendientes, creo, sigue siendo la lingüística, el estudio y transcripción de las inscripciones líbico-bereberes, a pesar de que ya hay algunos trabajos interesantes al respecto.



6. Como seguidores suyos por las redes sociales hemos podido observar su posicionamiento con respecto a lo que se quiere hacer en la montaña de Tindaya. ¿Qué importancia tiene este Monumento Natural para la isla de Fuerteventura? ¿Qué se puede hacer desde la sociedad civil para frenar este atentado patrimonial?

La Montaña de Tindaya es un Monumento Natural y un Bien de Interés Cultural. Es decir, sólo por esto, ya no se debería intervenir en ella, legalmente no se puede vaciar para albergar el proyecto escultórico de Eduardo Chillida en su interior. Este proyecto es un claro ejemplo de atentado medioambiental y patrimonial. La Montaña alberga uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Canarias y el referido proyecto pone en serio peligro su integridad.

Desde hace ya varios años son muchos los colectivos, plataformas, ecologistas, científicos y gente de a pie que venimos protestando contra el proyecto de Chillida en Tindaya. En este sentido, la campaña de petición de firmas que he abierto en Change.org (www.changeorg/tindayanosetoca) canaliza un sentimiento colectivo que ya está patente desde hace años. Ya hemos superado las 25.000 adhesiones y seguiremos haciendo lo posible para que se respete Tindaya. Nuestros hijos, nuestros nietos, tienen derecho a conocer este enclave tal cual lo hemos heredado, siendo conscientes de cuáles son sus auténticos valores.

La sociedad civil, para contribuir a parar este atentado, debe ser activista, todos debemos ser activistas. Los investigadores debemos tener un compromiso social, garantizar no sólo la socialización del conocimiento que generamos, sino sobre todo, actuar en casos como este para que el patrimonio que estudiamos se preserve en el mejor estado posible. Por eso, ahora y siempre, ¡Tindaya no se toca!

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